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 Ramón Románico y la llegada del Renacimiento (parte I)

Esta es la historia de la llegada de algo nuevo a un sitio muy viejo. Del descubrimiento de nuevas ideas que resultaron no ser tan distintas de las antiguas y sobretodo, es la historia de una persona que pensó en el futuro en un pueblo sin esperanzas, pero no porque no las quisieran sino porque desconocían que tuvieran la necesidad de tenerlas y de hecho no las necesitaban.

El pueblo y sus habitantes carecían de cualquier tipo de perspectiva y eso quedaba claro a primera vista. El paisaje del pueblo se basaba en una creación totalmente racional carente de cualquier tipo de representación natural y ante todo ausente de profundidad. Vamos que era totalmente plano. Las casas se superponían unas sobre otras sólo diferenciándose en el tamaño de las mismas, que era lo que marcaba quien estaba delante y quien detrás, lo cual estaba muy bien tipificado en las ordenanzas municipales de urbanismo románico.

Y el hecho de vivir en un pueblo sin volumen implicaba que sus habitantes carecieran del mismo, hecho que estaba muy bien para mantener un estomago totalmente plano y una figura lineal, y al igual que en las casas, también existía un orden bastante jerárquico en las disposición del tamaño de las personas, que se regulaba según su importancia dentro de la sociedad tipificada en las ordenanzas municipales de estatus sociales preestablecidos a dedo.

Estas leyes se llevaban muy a raja tabla, y tal era el caso que inclusive afectaba a las facciones de la gente, ya que tenían unos cánones muy bien definidos en un libro sobre "Las normas de belleza románica o su inmutabilidad ya puedan pasar siglos o milenios".

Sus caras y manos era muy alargadas. Se cuenta que lo primero alargado fue la cara y en consecuencia las manos ya que si no, nunca habrían podido aplicar la frase echarse las manos a la cara que tanto les gustaba. Y si algo les caracterizaba era que las todo que hacían, decían o expresaban tenía que estar en perfecta consonancia, menos es una cosa que a la vez los diferenciaba y unía, su rostro, ya que la mitad del pueblo lo tenía serio y la otra mitad alegre.

Este hecho que podría parecer sorprendente esta muy bien explicado en el libro arriba mencionado y demuestra el carácter extremadamente pragmático de las gentes de este pueblo, así cuando hubiera momentos de tristeza (1) la gente alegre animaría a los que se echaban las manos a la cara en toda su extensión, y que lo días en los que hubiera excesiva alegría (2) siempre estarían allí las personas tristes para que no se desmadrara todo.

La diferenciación facial la llevaba a cabo el departamento de "Comité para la protección de la alegría y tristeza medioambiental" que solía ir siempre acompañado del "Comité para la denominación laboral eterna" que se encargaba de asignar los oficios a los que se dedicaría cada uno hasta el día de su defunción.

Estos dos grupos aparecen en las casas una vez finalizado el parto, en ese momento los dos operarios, se acercan a la criatura en cuestión la observan con sus grandes y desproporcionados ojo y el encargado de la designación facial da un último repaso a su lista y dice con un tono ceremonial:
- Última designación Román Descorchabotellas, ¡alegre!, por lo tanto ¡triste!. - por ejemplo.

Momento en el cual se mueve a un lado para dejar paso a su compañero, en algunos casos se ha comentado que al asignar una cara triste se les ha visto sonreír, cosa por otro lado legalmente imposible. Pero si que el tono es distinto en cada uno de los casos, la alegría no es un estado que les guste a los funcionarios del ayuntamiento, si por ellos fuera todo el mundo tendría que tener un rostro de acelga que llegará hasta el suelo porque así por lo menos todo el mundo compartiría su aburrimiento y apatía aunque solo fuera de cara al exterior.

Pero volviendo al proceso, una vez finalizada la selección facial, entra en juego el encargado de denominación laboral eterna. Esto de eterna es bastante importante ya que el trabajo una vez designado ya no puede ser revocado, ni siquiera rellenando todas las instancias A40 y A60 que constan de 5000 folios cada una, de letra realmente diminuta y en cuya ultima hoja y esta vez en letra mas grande se puede leer:
"Todos los datos de este formulario serán adjuntados a nuestro departamento para la acumulación de documentos realmente extensos, si no ha muerto en el proceso de cumplimentación del mismo, le felicitamos y le decimos que su proceso de reciclado se llevará a cabo en brevedad. Gracias."
Lo cual dejaba bastante claro qué es lo que sería reciclado.

La cuestión es que la persona encargada del proceso laboral se planta delante del niño y pone su cara mas desagradable, cosa bastante fácil para él, y hace que el bebé se ponga a llorar a lágrima tendida; en ese momento, empieza a leer una lista de posibles trabajos hasta que en alguno de ellos la criatura pare de berrear, tardara lo que tardara (3), en ese instante se le asigna el trabajo en el cual se interrumpe la lectura. Cabe decir que dependiendo del rango social al que pertenezca la familia así era oferta laboral.

Si de algo se jactaban ambos comités era de que siempre se había conseguido que los bebes terminaran por decidirse, sólo se dio un caso en el que no se pudo definir nada en absoluto y fue el día en que nació nuestro protagonista.

Ese día brillaba con un sol redondo, geométricamente perfecto, como siempre, pero parecía que con un amarillo más intenso y con una nube delante y otra detrás para dar el único detalle a la composición paisajística, ya que no había pájaros volando, ni árboles en flor, ni nada, puesto que la naturaleza se suprimió hace años por orden consistorial alegando su total inutilidad.

En el pueblo existían las casas desproporcionadamente grandes, las grandes, las medianas, las relativamente medianas, las tirando a pequeñas, las pequeñas, las minúsculas, las diminutas y la casa de Ramón. Pero a los padres no les importaba su tamaño ya que era perfecta para ellos.

Su padre era Julián Ata Cordoneras. El suyo era un trabajo muy cotizado ya que al no tener perspectiva la gente no podía agacharse para atarse los cordones tan de moda en los últimos años entre la gente adinerada, y gracias a su menudez, él si llegaba y a fe que hacía los lazos de cordón mas simétricos que se hayan visto.

Julián conoció a su mujer en un trabajo para un alto cargo. Estaba haciendo uno de sus perfectos trabajos de acordonado y al realizar su famoso nudo centrado echó una mirada y allí estaba Remigia Zurce Calcetines, del mismo tamaño que él, quizás un poco más grande, reparando uno de los calcetines de la suerte del acaudalado señor. Lo suyo fue amor a primera vista lateral, al cabo de poco tiempo se casaron y después de un poco más de tiempo estuvieron preparados para traer a Ramón al mundo o mejor dicho al pueblo que era todo el mundo conocido y por conocer.

A la hora prevista se presentaron en la casa los operarios. El primero en acercarse fue el empleado facial, se acerco hasta Ramón y dijo:
- Enrique Afina Lauds, ¡alegre! - a Julián y a Remigia el corazón les dio un giro de 180º - por lo tanto Ramón, ¡triste!.
Pero paso algo que nunca antes había pasado el bebe sonrió.
- ¡Imposible! -bramó el operario- esto no esta tipificado en las ordenanzas, no debería reír.
Pero Ramón seguía mostrándole lo que el consideraba su mejor sonrisa.
Remigia tomo cartas en el asunto sabedora de que a lo mejor los genes del padre, cabezón por naturaleza, le inclinaban a llevar la contraria.
-Pruebe a decirle lo contrario, a ver que pasa
- Señora, no se nos esta permitido según nuestra orden sindical a salirnos de los cánones establecidos, no sabe la de formularios que tendría que rellenar para justificar el hecho de que yo me acercara ahora al niño y le dijera. ¡¡Alegre!!.
Y en ese momento Ramón cambio el semblante y puso un cara tan siniestra que hubiera hecho saltar hacía atrás a todo el mundo si lo hubieran podido hacer, pero lo que hicieron fue quedarse allí parados observando al niño.
- Si ya lo sabía yo, contestatario como su padre.
- Remigia no es el momento- se defendió Julián.

Mientras el operario balbuceaba cansinamente:
- ¡Imposible!, voy a tener que rellenar formularios B-30 sobre "nunca había pasado" y A-80 sobre "como explico esto" hasta el día de mi jubilación.
Y mientras decía eso el niño como divirtiéndose por la situación o quizás por sentirse por primera vez observado, obsequió a su público con un repertorio de caras diferentes y desconocidas para los presentes.
- ¡Imposible!, ¡imposible!, ahora además debo rellenar los U-90 sobre "esto me supera".
Y antes de que nadie pudiera decir nada para animarlo se fue de la casa, y mientras se marchaba se le oía decir:
- .Si empiezo ahora que tengo 25 años quizás con 60 pueda acabar de cumplimentar todo y entonces tendré un par de años para casarme y quizás tener un hijo...- suspiró.
Y eso fue lo último que se le oyó decir en muchos años, tantos como los que tardó en salir del despacho, unos 50, así que lo único que le dio tiempo a hacer fue a tomarse una última cerveza en el bar, decir-Cagarro de niño- y caer lateralmente muerto.

El operario laboral no sabía como reaccionar, en su larga carrera no había visto que a un compañero le pasara algo así, y ahora le recorría una ola de miedo pero a la vez de alegría por el fracaso de su compañero.
- Ahora es la oportunidad de demostrar que los del departamento laboral somos más eficientes y de vengarnos por la derrota en el último trofeo de Marcación Artística Caligráfica de Formularios- pensó para sus adentros.

Así con aire firme y decidido se acercó con su infinita lista de trabajos, o por lo menos eso pensaba él.

Ramón seguía entretenido en su actuación ante la mirada de sus padres que no sabían muy bien como reaccionar, el funcionario se puso delante y realizó la que era su cara más celebre para hacer llorar y que llevaba años practicando con éxito de crítica y público sin precedentes, y a la que había bautizado como "Descomposición Vespertina" o "Me parece que la mayonesa me estaba hablando mientras bajaba a mi estomago".
Pero no paso nada.
- ¡¡Imposible!!- gritó.
Parece ser que esa era la única definición oficial para hechos extraños como este, o más bien para este hecho porque hasta ahora nunca le había pasado.
Volvió a realizar su cara....y nada.
Ramón parecía muy entretenido con su nuevo descubrimiento.
- ¡Imposible!, ¡imposible!, se volvió a oír, tendré que rellenar el formulario D-70 sobre "esto no debería estar sucediendo".

Remigia tomo cartas en el asunto:
- Quizás habría que intentar razonar con él.
- ¿Razonar?, eso es imposible- dijo el operario entrando en un bucle y creando una sensación de "esto ya lo he vivido antes" entre los presentes.
- A ver Ramón cariño, este amable señor quiere que llores un poco para él, si no es pedir mucho- le hablo a su hijo con ese tono que tienen las madres para ese tipo de circunstancias.
Pero Ramón le realizo la mejor de sus sonrisas.
A Remigia se le subieron de color los dos mofletes perfectamente redondos de sus mejillas y grito:
- ¡¡Ramón o te pones a llorar ahora mismo o me voy a tener que enfadar de verdad!! - con ese tono que tienen las madres para ese otro tipo de circunstancias.

Ramón cambio la cara y al momento soltó un berrido que se sonó a todo lo largo del pueblo.
El operario al oír el llanto recupero un poco la compostura, aunque en el fondo sabía que tendría que rellenar miles de hojas, pero por lo menos no tantas si conseguía hacer que el dichoso niño tuviera un trabajo.
Así empezó a leer su lista, a grito pelado para hacerse entender:
-Ramón Recoge Migas.
Nada.
-Ramón Lustrador de Zapatos.
Nada.
-Ramón Apaga Velas.
Nada.
Y así los nombres y los nada se seguían sucediendo, mientras los oídos de todos los habitantes del pueblo corrían el riesgo de salir huyendo de allí.
Habían pasado tres horas y la cosa seguía igual.
-Ramón Pisa Papeles.
Nada.
La situación parecía descontrolada.

- Si no puede ser., encima de inconformista y cabezón. Pensará que puede cambiarlo todo, no. si nos habrá salido un soñador.
De repente se hizo el silencio, cosa que aprovecharon los oídos de los habitantes del pueblo para volver a sus lugares ya que se encontraban en la puerta y con las maletas hechas.
- ¿Cuál ha sido el último trabajo que he leído?- dijo nerviosamente el funcionario mientras miraba su lista- ¡Ah, sí! ¡Empalma Cables!, eso. ¡Ramón Empalma Cables!
Pero al oír esto sucedió como si de repente viniera la tía del pueblo, oronda como ella sola y se hubiera sentado encima del mando que estaba en el sofá de casa debajo de los cojines y el sonido comenzará a subir a volumen brutal, de repente, sin que se lo esperara nadie, dando todos un salto del sofá menos la tía de visita que es la que se ha sentado en el mando y encima es sorda.
Pues algo parecido sucedió.

- ¡Imposible!- se creía entender entre los llantos.
- Quizás lo que ha hecho que se pare ha sido la palabra soñador- intento gritar Julián.
Y automáticamente el niño se volvió a callar, quizás demasiado tarde para algunos habitantes del pueblo que veían como sus oídos se escapaban a la carrera dejando una nota que decía: -Abandono, que os aguante Rita.
- ¿Soñador?, ¿soñador?...eso no está dentro de ningún trabajo de la lista es.
- Imposible - le corto Julián con tono cansino- ya lo sabemos, pero quizás se podría crear un trabajo nuevo.
-Pero para eso habría que rellenar miles de formularios y hablar con el Concejal Laboral que lo notificara a la Academia Oficial de Invención de Trabajos que a su vez se reuniera con el Rector de Situaciones Extremas y convocara una reunión con el Comité de Sabios Porque Si y...
-Mire- le corto Remigia-o hace todo eso o si quiere podemos seguir leyendo su lista.
Le quitó las hojas que sostenía con tono nervioso y empezó a leer:
-Ramón Desatasca...

El inicio del llanto hacía su aparición con un volumen considerable y con ánimos de aumentar, muchos ánimos.
- ¡Vale, vale!- gritó el operario mientras le quitaba la lista de mano y el llanto disminuía con una lenta queja como si se lo estuviera pasando pipa destrozando tímpanos y cabezas, de hecho para eso había sido creado- haré lo que pueda, pero mientras tanto ¿qué podemos hacer con el niño?.
- Quizás le podamos poner de momento un nombre genérico hasta que todo el problema este resuelto- pensó Julián- llamémosle Ramón Románico.
Al oír el nombre Ramón soltó una sonora risotada y a continuación se hecho a dormir con la tranquilidad del trabajo terminado.
- Pero, pero eso es impo...-empezó a subir el tono el operario.
- Por favor silencio - dijo cortante la madre con ese tono que también tienen las madres para ese tipo de circunstancias - no ve que el niño duerme, haga lo que tenga que hacer en sus oficinas pero deje descansar a la criatura que ha tenido un primer contacto con el mundo bastante difícil.
- Muy bien, tendrán noticias del departamento en unos cuantos años, sin mas me despido.
Y lanzó por ultima vez su ensayada peor mirada al niño, y creyó ver que este habría un ojo y le miraba, sonreía y se volvía a dormir.

(1)Como cuando el año en que a Julián Hortelano Mañanero se la apareció la Virgen del Árbol Manzano que Dejó de Dar Hace Años y le dijera que el fin del mundo conocido y de alguno que se desconocía se acercaba y que sufrirían un lenta agonía hasta la muerte de todo ser viviente o consciente de si mismo o de otros.

(2) Como cuando la Virgen del Árbol Manzano que Dejó de Dar Hace Años se le volviera a aparecer a Julián Hortelano Mañanero y le dijera que ya no se preocupara que el fin del mundo se había acercado pero que en ese momento le había surgido algo importante y que ya volvería otro momento. Ese fue un momento muy duro para algunos como Enriqueta Pastelera Repostera que se habían pasado el día haciendo algo de picar por si el fin del mundo conocido traía hambre.

(3) El record lo tiene Remigio Pregonero que tardó más de dos días en parar de llorar y no lo hizo por gusto sino porque se quedo sin voz, lo cual supone un verdadero problema para su trabajo actual. Record que se mantiene en vigor hasta el día de hoy.

© David Gil