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karrajo
  La esencia de un cuadrado (Y el peligro que conlleva)

Nunca nadie me preguntó por mis nuevos pantalones ligeramente ceñidos de la cintura. Ese doce de octubre, un día como otro, ninguno de mis afanados compañeros de trabajo se dio cuenta de mis nuevos pantalones. Todos ellos son grandes profesionales, los mejores en sus terrenos; afables, sinceros, vitalistas, sencillos y fieles a ellos mismos. Pero ese día nadie concibió el ligero cambio que había sufrido mi estilismo.

Habitualmente yo siempre suelo llevar unos largos, de camal amplio y con pinzas, de colores poco llamativos. Clásicos, no obstante y como se suele decir, resultones. Siempre me han ayudado en mis tareas diarias, cómodos y eficaces, te permiten un desosiego tranquilizador cuando estás sentado frente al ordenador o en el sillón del escritorio; pero siempre en la justa medida, sin sobrepasarse a la excesiva relajación que podría provocar un chándal ( como los que suele llevar Paco). Esto induce claramente a posibles problemas laborales, una mente activa caería en la mínima distracción por la ligera parsimonia que producen a uno ese tipo de pantalones. Por no hablar de las bermudas por debajo de las rodillas de Mariano, el ambiente que propicia esta inquietante prenda pasa de la excesiva comodidad al nerviosismo hostil que acarrea un paquete " ad libitum "; con tanta capacidad de movimiento es normal pensar que en cualquier instante podría llamar la atención del personal, y eso sin duda es inquietante, al menos para mi.

En un entorno funcional de trabajo todo debiera estar en sintonía, cualquier minucia que desentone provoca una inevitable distracción. Como las servilletas usadas que Jerónimo siempre deposita en su papelera después de degustar su almuerzo, el cual suele constar de dos tostadas con mantequilla acompañadas de un café expreso de máquina. Dicha papelera está destinada al material desechable de oficina, y no a los provinentes de una dieta, por otra parte totalmente desequilibrada. ¿De qué serviría el gasto que conlleva la contrata de decoradores y estilistas? si a la mínima rompemos el espacio creado por tales profesionales no tendría sentido alguno. Es totalmente lógico que cada persona y objeto desempeñen la función que se le ha otorgado, de esta manera todos colaboramos en crear un entorno ideal para desarrollar nuestras actividades, ya sean profesionales o de nuestro entretenimiento. E incluso de esos actos, casi involuntarios, que debemos realizar toda persona, como ir al baño o la ingesta de alimentos. En este último bloque podríamos incluir el uso del ascensor. Personalmente hace algunas semanas que decidí subir y bajar por las escaleras. Tal decisión no fue tomada por cuestiones simplemente saludables, sino por el mal uso que se le otorga en este pequeño habitáculo al hilo musical. Ni la selección del repertorio, ni el volumen, ni tan solo la colocación de los altavoces, son los apropiados. Aunque debo expresarles que optar por las escaleras tampoco soluciona completamente la incomodidad del elevador. Así por encima podría comentarles el desagrado que provoca el encontronazo con la profesional de la limpieza en horas que no proceden, el exceso olor a ambientador, extintores que no han pasado las revisiones obligatorias, y un largo etcétera de pequeños y enervantes detalles que para nada son insignificantes, tal y como nos recuerda el dicho popular, " toda piedra hace margen, y todo margen hace pared ".

Aunque ninguno de mis compañeros se hubo percatado de mis nuevos pantalones ligeramente ajustados de la cintura, yo soy feliz. Esta decisión no fue tomada a la ligera, pero al parecer para ellos se trata de algo sin importancia. Para mí no lo fue. Desde que cambié de pantalones mi vida tomó pequeños cambios, que fueron engrandeciéndose poco a poco desestabilizándome profundamente. Todo empezó a ser sutilmente diferente, pero lo suficiente como para comenzar a ver actos en mí como sinsentidos, mis reflexiones no llevaban a una solución clara, llegó un instante en el que el cúmulo creció rápidamente y me sobrepasó. Después de seis meses de mi errónea decisión de cambiar levemente mi estilismo no vi vuelta atrás ninguna llegando a pensar en el suicidio como única solución viable. Por suerte no fue así, y pude controlar la situación. Hace un mes volví a mis clásicos pantalones y todo comenzó a retomar la normalidad.

Hoy vuelvo a estar centrado en mi trabajo, vuelvo a sentirme estable y seguro de mi mismo. Mis eficaces compañeros no se han percatado de nada durante todo este tiempo, ni tampoco mi mujer e hijos, lo cual me ha ayudado a retomar las riendas de mi vida sin más problemas derivados. A partir de ahora cualquier cambio, por banal que pudiere parecer, lo meditaré mejor, con la intención de tomar la decisión correcta. Hemos de ser capaces de controlar nuestros actos y decisiones, así dirigiremos también nuestra existencia por donde nosotros queramos. Les invito a que realicen una prueba. Mañana, cuando después de realizar sus primeras tareas se dispongan a vestirse, piensen bien las prendas que se pondrán, esta decisión, en apariencia meramente circunstancial o aleatoria, puede hacer que su vida tome un camino u otro. 

Dedicado a Jorge y Mariano
E
l reto para mañana seria ir con top y minifalda.

© Bustinic