Lecturas
Animaciones
Ilustraciones
fotografias
Vídeo
Música
Cine
Modelado
Cultura
Foro
Descargas
Enlaces
Recomendaciones
Boletín
Contacto
tienda
11
Me tira la sisa :: La Tienda On-Line de MwM
La imagen robada
La página en huelga
Pàpa, dame pa unas cañas
Ni se crea ni se destruye
Diccionario
Somos y estamos
Contacto
lecturas
   
karrajo
 Un día como otro

Hace más o menos una semana me desperté pletórico. Sin pensármelo dos veces cogí mi bicicleta, me la puse sobre los hombros y salí a la calle dispuesto a comerme el mundo. Pero al llegar a la esquina de San Javier con Lozano Puentes ya no pude más. Salí dispuesto a comerme el mundo y sólo logré ingerir mi barrio. Fue entonces cuando me percaté que esa tarde ya no podría ver tranquilamente desde mi salón "Su dulce pasión" acompañado de una ligera transposición o siesta. Mi hogar ya no existía, me lo había comido., al igual que mi vecindad. A partir de ahora las próximas veces que me levante eufórico primero tomaré un medio de transporte público, como por ejemplo el teleférico, y partiré lejos de mi barriada antes de tomar cualquier decisión que implique una actividad.

Intenté ponerme en pie, pero no lo conseguí. Después de comerse el mundo, aunque sólo fuera una pequeña facción de éste, uno acaba agotado, sobretodo si lo hace con una bicicleta sobre los hombros. Sí, quizás si no me hubiera apoltronado la bici sobre mi lomo todo hubiera sido más fácil, pero la gente desde fuera podría pensar: miren, ahí va otro insignificante comiéndose el mundo. Sin embargo, de ésta manera claramente se trata de algo más honroso, incluso creativo ¡Miren, ese magnífico hombre está realizando un acto artístico público sin afán de lucro!: decían personas al ver mi tediosa tarea. Lamentablemente el arte no va siempre unido a la comodidad, y desde mi punto de vista esto sólo supuso una putada añadida.

Aún en el suelo me dispuse a desplazarme a la consulta de mi psicoanalista, porque por muy loable y digno que pudiera parecer la decisión que hube tomado esa mañana, tenía la impresión de que algo había fallado en la realización, no me pregunten por qué, pero así es. De hecho para ello me dirigía al psicoanalista, para que me aclarara estas dudas y me cobrara un precio razonable dada su preparación en años de estudios y masters. Entonces me crucé con mi no amiga pero a pesar de ello vecina Doña Margarita. Ella, siempre perdida en su egolatría, me preguntó qué tal se presentaba el día, sin darse cuenta de mi nueva forma de desplazamiento, reptando; quizá la costumbre de su pupila de mirarme siempre desde un estado más altivo y hacia abajo, a pesar de superarla en estatura, no le hizo caer en la cuenta de mi actual situación, por otra parte totalmente comprensible. Bueno, he tenido días mejores, gracias por preguntar, le contesté ¿Y usted? Añadí por cortesía. Voy a casa a dejar la compra, preparar la comida y ver "Su dulce pasión". Yo sencillamente le respondí que no. Pero incomprensiblemente se enojó y continuó su camino a la nada. Después de esta grata conversación continué mi camino hacia el psicólogo, pero eso ya os lo contaré otro día.

© Bustinic