Mis neuronas se encontraban afanadas autodestruyéndose unas a otras, gracias a mi evadida imaginación, malgastando inconscientemente lo que tal vez después necesite en mi aburrida vejez. De repente vislumbré a un caracohol en su adolescencia avanzada, unos 3 años. Se trataba de un Helix Aspersa de unos 8 gramos de peso, dato que podría carecer de importancia, pero la gente suele saber que tipo de caracohol ingiere. Este molusco gasterópodo (este dato si que carece de importancia) se encontraba totalmente parado y oculto en su pequeño iglú, totalmente desganado y sin más objetivos claros por esa tarde que permanecer allí. Dicho dato me llamó la atención, ya que tras de si se podía ver un rastro baboso y viscoso que denotaba un ejercicio anterior, realizado hacía breves instantes y, dicho sea de paso, con una frescura y animosidad digna de un Otala Láctea (este dato es absurdo e inútil, pero demuestra que mis años dedicados a la cría en cautividad de estos seres vivos no fueron en balde; por cierto, esta tarea se conoce como Helicicultura).
Dada mi idiosincrasia, no pude permanecer indiferente ante tal hecho, y me propuse, como objetivo personal, alentar al caracohol hasta lograr que él mismo siguiera con su camino, avanzando en cualquiera que fuera su abandonada aspiración, retomándola con decisión, sin vacilar. Para ello comencé a decirle palabras de apoyo, y fui progresivamente aumentando el susurro inicial hasta llegar a un vitoreo eufórico, que siguió incrementándose al observar la respuesta positiva de mi afán. El caralcohol comenzó a asomar su cuerpo estilomatóforo, y poco a poco retomó su hazaña, avanzando levemente pero sin pausa. Pronto hice gala de mis articulaciones acompañando de movimientos mis propias aclamaciones, ya fuera con palmas o con el clásico "ven aquí", combinando muñeca y mano. Cuando quise percatarme el caralcohol ya había avanzado un buen trecho, y me alejé de él con el anhelo de mostrarle el gran camino que aún podía seguir realizando. Al cabo de unos diez segundos una bicicleta que circulaba a unos 15 km/h aplastó al caralcohol convirtiéndolo en humedad ligeramente grumosa para el asfalto.
Quizá el caralcohol hizo bien en parar, tal vez aún seguiría existiendo si hubiera hecho caso omiso a mi insistente palabreo. Hay muchas maneras de matar neuronas, pero algunas hacen más daño que otras ¡Un chupito a vuestra salud! Tranquilos, iré andando.
© Bustinic |