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karrajo

  La publicidad, ese coñazo

    ¿En los tiempos prehistóricos había publicidad?. No hace falta que respondáis, es una pregunta retórica y tampoco hay constatación de restos fósiles. Bueno, si los hubiera ahora estarían en manos de las petrolíferas. Desde que el hombre es Bobo Sapiens existió el autoconsumo, y con la aparición de las clases sociales se generó el consumo ostentoso ; si tu nivel adquisitivo te permitía comprar boniatos de Mesopotamia sin reparar en la utilidad, necesidad o buen gusto del producto, te diferenciabas del pelagatos del vecino por el mero lujo de adquirir dicho género. A fin de cuentas daba igual si te zamparas o no los boniatos, puesto que "manjar que no quiere el amo, comida para el marrano".

    A partir del siglo XVIII con la Industrialización se instaura la exigencia de comprar y si no, de producir necesidades en el comprador. Enhorabuena, acaba de tener una niña y se llamará Publicidad. El sistema capitalista está construido por dicha publicidad, es su álter LEGO, y sin ella los niveles de producción se reducirían, así como la demanda de los productos sería más baja. La avaricia da por el saco.

   En primer lugar, la publicidad nos chirría porque la sufrimos desde que nos levantamos, hasta que nos acostamos y después toda la noche. como las hemorroides. La propaganda está presente a todas horas y en todas partes: televisión, vídeo, teléfono, radio, cúbito, vallas, periódicos y estudiantes que ofrecen sus pechos en Ebay para poner publicidad (verídico).

   En la tele, dependiendo de la franja horaria y época del año (maldita Navidad) emitirán una tipología u otra de anuncios. Por las mañanas el horario suele ser infantil, lógicamente porque los niños están en la escuela (¿¿¿???). Por la tarde-noche es más adulto bombardeándonos con todo elenco de artículos. Da igual que hagas zapping porque todas las cadenas se sincronizan para martirizarnos. Es el momento idóneo de escaquearse y prepararnos un bocata de calamares, y menos mal que todavía no se ha dado el caso de: "Ahora por perderse los anuncios, capullo, se los vamos a poner de nuevo" . No doy ideas.

   Por otro lado, la publicidad nos aburre por la multitud de técnicas de persuasión. La repetición de un mensaje es una estrategia muy envolvente, como el papel ALBAL, tanto que ocasiones llega a ser paradójica. Es cierto que un publicista puede estar horas y horas, hasta que te pone la cabeza como un bombo, anunciándote un medicamento que alivia el dolor de cabeza. Con ello, el espectador está que TRINA, de naranja, sin gas. pero grabado a fuego lento en el cerebro del consumidor produce que sólo confíes en esa MARCA, ¡qué gran gaceta deportiva!.

   NIKE decir tiene que la utilización del temor es otra táctica recurrente. Con la oleada de atracos, robos, canibalismo, quemaduras solares, gripes aviares... necesitamos pistolas, cremas, seguros de vida, hachas para gallinas... La publicidad subliminal está prohibida, pero a mi muela de juicio nos martillean con ideas que quedan taladradas en nuestro subconsciente para que el miedo nos haga consumir. De esto sabe un rato el señor Michael Moore como relata en su película Bowling For Columbine, esa que no gustó a Bush.

   Me ponen de los nervios los anuncios que venden valores, belleza, ilusiones o juventud. O sea, que si me compro una mierda de cacharro con cuatro muelles y dos flejes. ¿tendré unos abdominales más duros que un tiparraco que se tira todos los días 4 horas en un gimnasio?. No me jodas. Eso es como lo de "aprenda inglés sin esfuerzo". Toda mi vida aprendiendo inglés, incluso cuando fui a Londres las pasé putas para entenderme. y ¿con 12 fascículos y 8 roñosos Vds. me garantizan un nivel idiomático bueno?. Les daba una hostia que les estorbaba el cielo para dar la voltereta. Hoy en día te venden cualquier cosa, hasta apartamentos con vistas al mar, ¡en Albacete!. Que por cierto, qué buenas navajas hacen allá, sobre todo con limón.

   Los publicitas desconfían de nosotros y viceversa. Lo noto en el chico que reparte propaganda por el barrio. En sus comienzos el chaval era un ingente pardillo. Llamaba al timbre expresando ilusamente: "buenos días. propaganda. ¿me abre por favor?". Al oír esto una especie de sensación orgásmica, a la par que vengativa, me recorría el cuerpo de cabo a rabo (con perdón). Por supuesto que no le abres, va a pagar por todos los papelotes que han saturado durante décadas nuestro buzón, incluso el de correo electrónico. El chico que reparte propaganda en mi barrio, muy astuto, aprende de sus errores y es más peligroso que los Gremlins cantando bajo la lluvia. Descubre que puede hacerse pasar por el cartero: "buenos días, le traigo una carta del banco, ¿me abre la puerta por favor ?". Al principio te acojonas, pero cuando al cabo del día recibes ciento noventa y tres folletos y ninguna carta del banco sospechas que te han engañado como al Chino Cudeiro. No le abres ya ni a tu padre. Pero el chico que reparte propaganda en mi barrio, listo como los chorros del oro, llama al timbre y dice: "yo estudiante ninfómana noruega... ¿tu abrirme puerta para pasar buen rato?" . Abrimos, abrimos, que andamos más salidos que las orejas del príncipe Carlos. Retomo el hilo argumental que me he ido de madre.

   Si desconfiamos de la publicidad, no os digo nada de la mala publicidad. Hay anuncios más malos que pegarle a un calcetín con un padre sudado. Por ejemplo el eslogan de la Ley 28/2005 Antitabaco, el cual rezaba "Si no puedes fumar, no tengas tantos humos". O la frase insignia de la campaña 2006 de la Dirección General de Tráfico: " Aquí no hay quien viva,. aquí no,. aquí no ". También merece un abucheo el lema de Maradona para los rivales de Argentina en el mundial de Alemania 2006: "Cheeee pibes, vais a morder el polvo ". También 'El Pelusa' recomendó comer hamburguesa del MARADONALD´S, pero ese es otro cantar, mió Cid.

   Pero es innegable que lo que es bueno es bueno, valga la tautología, y como dijo el filósofo y científico alemán Hermann Keyserling: « Ninguna prueba, ninguna rectificación ni desmentido puede anular el efecto de una publicidad bien hecha ». ¿Recordáis? " Póntelo, pónselo " o " Pezqueñines no, gracias ". Para éxito el eslogan de los consoladores que inventó Karrajo: " A tu gusto y al de todos, aquí tienes, 'Penes Cogos'."

© Luis Darbonens