Lupanares, ¡qué lugares! tan gratos para fornicar. Nos da en la putiutaria que ya los conoces.
Los hombres somos unos marrajos, alguna deformación congénita(les) tenemos al tragarnos sin problema los documentales de la National Pornographic, y que nuestra naturalefa cerebral kafkiana provoque que de tanto kafkárnosla nos salgan ranuras en el nabo, tipo joystick. Alguien mucho listo se percató de esta circunstancia, allá por los tiempos de los Pichapiedra, e ideó una vulva de escape ante tanta testosterona: la casa de la puta donde el que pilla la disfruta.
Burdeles pequeños y otros de mayor en verga dura
La fantasía sexual de cualquier machote tropical es la de llegar a un bar y que todas las féminas quieran hacérselo contigo, de eso no nos cabe la mayor polla. De ahí el sueño hecho realidad con la proliferación mundial de lupanares de carretera y salas de masajes, eso sí, pagando. También han existido y existirán esquinas con su puta y otros con más talento que han ubicado puticlubs debajo del Ayuntamiento. Bien es cierto que en las nuevas casas de citas de 30 m2 te lo pasas como un enano, como un putifo.
El momento que estabais esperando
Los precios por servicio oscilan entre los 40€ por polvete básico y 50€ por un pinocho (por el culo, por la boca y por el chocho), hasta los 600-6000€ por prostitutas de lujo. Si a algún espabilbao se le ocurre no pagar, el proxeneta de turno te acariciará las rótulas con un bate de béisbol. Lo que se cumple a rajatabla, perdón por lo de "tabla", es la discreción en los puticlubs ante situaciones tan rocanrolescas como cuando te toca decir aquello de "no mamá, dijiste que trabajabas en un videoclub" o cuando una lumi te dice: "cuchi, cuchi, cuchi" refiriéndose a nuestro micropene. Ruego a las lectoras perdonen las disculpas por el inatento y machista lenguaje empleado en el artículo. Ellas saben que siempre estaré a sus pies, pero que se los laven primero.
Reflexiones de una trapajadora del gremio.
"Soy Elssa Putaki y como experta en la rama sexual (ramera) recoñozco que hay una fora y flauna de clientes que vienen de putas a veces sí y Acebes no". "La búsqueda del placer no debería ser algo indigno, también da gusto arrascarse la gomilla de los calcetines cuanto pretan y no es pecado". "Me gustan los tíos con pachorra, pero me molesta que me echen rapapolvos diciéndome lo macizorra que estoy".
© Luis Darbonens |