DEL BUEN SUCESO QUE EL VALEROSO DON BUSHOTE TUVO EN LA ESPANTABLE Y JAMÁS IMAGINADA AVENTURA DE LOS ARSENALES NUCLEARES, CON OTROS SUCESOS DIGNOS DE FELICE RECORDACIÓN
Toda aquella noche no durmió don Bushote, ya que estuvo regocijándose a la sazón sobre pretéritas hazañas acaescidas contra el eje del mal, rememorando y solazándose en su cometido de adalid de la justicia infinita. No la pasó ansí su escudero Sanchoznar, cuya bien merecida placidez era el galardón por haber servido bien al amo.
Su siervo sabíase investido en la gran misión histórica de escoltar en cada gesta a su mentor y caudillo, relamíase de gusto al saberse en la facción de los paladines de la libertad duradera. Otros antes ya quisieron arrebatárselo, pero las suyas reverencias doblegaron las del licenciado Piqué y otros malandrines acaparadores. Sanchoznar saboreaba con gran fruición la presencia de su jefe supremo. Su simple compañía era para él delectación, embeleso y por qué no decirlo un placer incluso con matices sexuales. En esto descubrieron Don Bushote y su escudero treinta ó cuarenta fábricas en tierras sarracenas; y así como Don Bushote los vio, dijo a su escudero:
- La aventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos desear, porque ves allí, amigo Sanchoznar, donde se descubren treinta ó pocos más desaforados arsenales nucleares y bacteriológicos contra los que pienso hacer batalla y desarmar, ya que es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
- ¿Qué arsenales? -respondió Sanchoznar.
- Aquellos que allí ves, -respondió su amo y señor- esos depósitos rebosantes de misiles balísticos, Botulinum, Ántrax y Anthracis.
- Mire vuestra merced -expresó Sanchoznar- que no son arsenales sino fábricas de turbantes, que se está liando vuestra merced con los planos falseados de maese Powel.
- Bien parece -respondió su dueño y soberano- que no estás cursado en esto de resoluciones empleando el uso de la fuerza: yo digo que estos infieles tienen hacinados en esos cubículos varias fanegas de armas de destrucción masiva, hagamos pues una guerra preventiva en nombre de la Santa Multinacional. Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Blairinante, sin atender al clamor de las voces que le imploraban que no dañase a inocentes indefensos. Pero él iba tan puesto en que eran armas de destrucción masiva, que hizo empleo y uso de las suyas acometiendo contra todo ser viviente militar, civil, animal, hospital, geriátricos, bibliotecas, museos y otros mal llamados daños colaterales. Sanchoznar fue también a todo el correr a lomos de su asna Berluscona, ofreciendo después de tal barbarie interesada ayuda humanitaria a los maltrechos restos que quedaban.
- Mi señor - preguntaba Sanchoznar- ¿Cómo justificáis tan singular hazaña?, pues por ventura no había arsenal de armas en leguas a la redonda.
- Voto a Bríos Sanchoznar, que no habéis entendido nada de lo agora sobrevenido, y todo hay que explicároslo. Si no había arsenales ni depósitos, ya nos los hubiéramos inventado, alma de cántaro. Nada justifica nada, pero gran empresa es reconstruir con substanciales créditos lo aquí descuartizado; gran merced merece fiscalizar el oro negro que domeñaba el anterior tirano, gran conforte supone desechar nuestro caduco material bélico en beneficio del nuevo y sofisticado del año próximo, magnánimas quedarán nuestras conciencias con el envío de la caridad humanitaria. Más debo añadir que excelente zona estratégica hemos conquistado y gran rendibú nos mostrarán el resto de Naciones Unidas por el empleo y uso de nuestro imperio, poderío y gloriosas facultades.
- ¡Dios salve a América, mi amo!- vanaglorió Sanchoznar a su superior.
Según palabras del autor de este penoso relato, es desconsolado el ver cómo se falsifica la encumbrada obra de Cervantes con los personajillos aquí parejos; lamentable es la comparativa de nuestro bienacorazonado e idealista Don Quijote con el Carnicero de la Matanza de Texas, verdugo de sillas eléctricas, cámaras de gas e inyecciones letales, bombardeos y matanzas. Este texto fue escrito poco antes de que estallara la guerra de Irak, por lo que como autor debo disculparme con la administración Bush por llamarles mentirosos al no haber falsificado, de momento, la aparición de armas de destrucción + IVA.
© Luis Darbonens |