Ante nuestros ojos, una sociedad de consumo. Con individuos que te consumen, de los que tú consumes, que se consumen entre ellos o a sí mismos. Sociedad de consumo porque te consumes.
Un mosaico de sujetos inabarcable en su descripción.
La Trupa silvestre no gana para disfraces. La Bolapa acentuada, de olores neutros, pergeña novelas dramáticas. El Oportunista vive de los errores ajenos. Se alimenta de ellos, los necesita, incluso algún malpensado ha llegado a afirmar que los provoca. El Oportunista sopla detrás de la oreja de sus prójimos. En un árbol cercano, los Moniches copulan.
La Estupa común mantiene a quien le hace caso en postura de flor de loto. Su postura es la de la mano izquierda que toca su oreja derecha pasando el brazo por encima de su cabeza con las cejas curvas. En medio de la plaza, el Finto europeo da vueltas en el sentido de las agujas del reloj. El Oportunista, que podría ser un concepto, tiene muy desarrollado el sentido de la propiedad: lo quiere todo para él. En un árbol cercano, los Moniches copulan, ignorando la escena.
La Cantufa aguileña consume su tiempo en tiempo, y el tiempo de los demás en ausencia de tiempo. A la Calica real no le importa, porque tiene memoria de pez. Al Oportunista se le ve venir. Por sus inoportunas frases preparadas, y ensayadas facciones fuleras. El Oportunista coge un pelo de un escroto y lo arranca, irritándole los cojones a su propietario. En el árbol cercano, los Moniches continúan copulando, consumiéndose en un legado genético.
En este entorno el aire cambia de color por dos razones: a su voluntad o porque algún individuo provoca el cambio. El aire ahora es gris, denso y fétido; y a bocados debe avanzar cualquier sujeto. En este entorno, hay tres posibles finales:
- El Oportunista cree que su nivel de consumo es el adecuado, pero no se da cuenta de que siempre llega tarde. Sólo recoge las migajas de la nada. Esta carencia alimenticia continúa. El Oportunista muere.
- El Oportunista, en su rumbo errático, ridículo, y falto de personalidad, choca con el Finto en medio de la plaza y le cabrea. El Oportunista muere.
- El Oportunista comete un error, y fiel a su naturaleza de consumo, se lanza sobre sí mismo. Se muerde un brazo, con el otro se golpea el bazo, y se tira por las escaleras. El Oportunista aún vive, pero se tropieza al levantarse y se da con un escalón. El Oportunista muere.
Todos en este entorno, hasta los Moniches, saben lo que es el simbolismo. Todos menos el Oportunista, que es un gilipollas.
© Karrajo
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