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karrajo
  El par

A y B son dos islas de un mismo meridiano.

Este par de islas están habitadas cada una por un habitante.

Habitantes que son personas. Y personas, que por mantener su anonimato, citaremos por sus iniciales. De esta forma, B. pasa su vida en A, y la vida de A. acontece en B, la isla situada más al norte.

Existe entre ambas islas dos tipos de corriente. Este par de tipos se diferencia en el sentido de tal corriente, en función del par de mitades en las cuales se puede dividir el día, pues 12 horas al día la corriente circula desde A hacia B, y el resto de horas, de B a A, la isla situada más al sur.

Ambos habitantes distantes, A. y B., se comunican mediante el clásico envío de mensajes en botella, aprovechando el sentido de la corriente.

A. destapa una botella recién llegada y lee de un trozo de papel: « ¿Tienes sal? » . Una frase que parece escrita bajo el apremio de una urgencia gastronómica. En un acto de solidaridad vecinal el habitante de B procede a informarle, aunque sepa que tiene que esperar a que cambie el sentido de la corriente para el envío de la respuesta.

Mientras, B. mantiene un duelo de miradas con su amigo imaginario, de nombre 'Coco'; el cual es precisamente un coco, depilado donde correspondería a la zona facial si se comparara con una cabeza humana, pintado con una semicircunferencia que emula una sonrisa, y con dos ópalos haciendo el papel de ojos, y pegados con adherente "natural". Un duelo de miradas de 12 horas, que pierde B. al retirar la vista hacia la botella que en ese instante se acerca a la costa, y de la cual extrae un papel con la siguiente información: « Sí. »

Con el sarcasmo justo para mostrar su enojo, pero a la vez enmarcado en un decoro fingido con la intención de conseguir la consabida sal, B. realiza una meditación de otras 12 horas, aprovechando el cambio de corriente, para redactar lo que él considera una interlocución apropiada: « Y, si no es molestia, ¿me podrías prestar un puñadito? »

A. detecta un aumento en la urgencia del pedido tras la lectura del último mensaje. Conclusión que comenta con su respectivo amigo imaginario, de nombre 'Dado', denominado de tal forma bajo la justificación de que, como a él le gusta decir, se trata de un dado de dos caras. Lo mismo que un escrupuloso verbal describiría como una típica carta de baraja. Tomándose su tiempo, A. escribe una respuesta de tinte conciso y clarificador: « Claro. »

B. continúa con un nuevo duelo de miradas con Coco, pues no tiene mucho más que hacer en su isla, A. Coco mira a B. con la misma expresión abstraída con la que B. le responde; y hasta parece que para combatir otras 12 horas de aburrimiento y miradas fijas, es el propio Coco el que decide emplear el factor sorpresa para desconcentrar a su oponente desprendiéndose voluntariamente de uno de sus ojos. Momento en que la saliva humana manifestaba su incapacidad para pegar mineral de ópalo en superficie de coco. Repuesto del sobresalto, B. se percata de la nueva respuesta de su vecino A., y asimismo, aunque ya algo desesperanzado, continúa del diálogo escrito, con la intención de recibir por fin en la siguiente recepción comunicativa la antedicha y mencionada sal. En su texto expone: « Pues pásamela cuando puedas. »

A. se encuentra ahora en un momento álgido de conversación con Dado, y le habla frenético a cada una de sus dos caras, con la ilusión de hallarse explicándole detalles de cuando todavía no habitaba en la isla, en un acto de comunicación representativa de un éxtasis dual. Le cuenta que recuerda cuando subía las escaleras de la escuela de dos en dos, hasta el segundo piso, abría las puertas de par en par, y recitaba pareados a dúo, en un bis a bis con su pareja de pupitre.

En tal repaso de acontecimientos le vino en botella la respuesta de B., que rápido contestó con medio par de palabras: « Voy. »

Si A. y B., en lugar de estar situados al oeste de sus respectivas islas, se hubieran movido como dos buenos bípedos, caminando A. por B, y andando B. por A, se habrían dado sendos paseos y habrían aumentado conocimientos sobre sus entornos, en favor de su hábitat, y en virtud de sus detalles; pero sobretodo, habrían descubierto que el norte de la isla situada más al sur distaba sólo un metro del sur de la isla situada más al norte.

Una pareja de extremos, prácticamente unidos.
 
© Karrajo