Lecturas
Animaciones
Ilustraciones
fotografias
Vídeo
Música
Cine
Modelado
Cultura
Foro
Descargas
Enlaces
Recomendaciones
Boletín
Contacto
tienda
11
Me tira la sisa :: La Tienda On-Line de MwM
La imagen robada
La página en huelga
Pàpa, dame pa unas cañas
Ni se crea ni se destruye
Diccionario
Somos y estamos
Contacto
lecturas
   
karrajo
  Independiente autosatisfecho

Yo me gusto. Me quiero bastante, y mucho y más. Y como lo siento así desde siempre, la primera idea que se formó en mi cabeza concluía que no debía desgastar mi afecto repartiéndoselo al resto de humanidad, sino que por méritos correspondía dedicármelo a mí mismo.

Ya a mis cuatro años de edad, con cierta seguridad y confianza sobre los procesos relativos a técnicas y habilidades precisas y concernientes a los actos de hablar y andar, inicié mi emancipación familiar.

A todo esto, espero advierta el lector mi esmerado dominio absoluto de la prosa, capacidad que ya demostraba entonces, y que transmito aquí como la única de las dos destrezas recién citadas que puedo manifestar en este soporte escrito.

Una vez hube abandonado el hogar doméstico, advertí que continuar en el mismo barrio aún obstaculizaría el alcance de mi objetivo de pleno amor propio. Apliqué mis conocimientos de manejo del triciclo para alejarme primero del barrio, y luego de la ciudad en la que hasta entonces había vivido. Llegado a la nueva urbe acudí a formalizar mi estancia completando el certificado de empadronamiento, cuando tuve la gran idea de poner mi nombre en el lugar donde debía poner el municipio. Ahí sí que me estaba independizando de verdad del resto de personas, pues ya no era un simple habitante. Me había convertido en mi propia villa. Y así funcioné durante una época de mi vida, cual municipio autogobernado.

El tiempo pasaba y yo me seguía queriendo más que mucho: me quería mucho más.

El afán de independencia, no obstante, en mi búsqueda de amor propio, no dejaba de crecer. Y aproveché los resquicios de legislación territorial para progresar a su ritmo, equiparándome sucesivamente a tipos de regiones de grado superior para satisfacer la necesidad de idolatría a mayores niveles; pasando así a ser de villa a ciudad, de ésta a comunidad autónoma, y por último a país. Reconozco que éste último paso fue complicado incluso para mí, pues tuve que promover tratados con otros países, inventar un idioma y sus dialectos, componer un himno y elegir bandera. Aunque de todas formas lo peor fue permanecerme estático en un único lugar del mundo, pues dado que yo constituía un país, no podía tener una geografía itinerante. Era lo único imprescindible que se me exigía como nación.

Por entonces ya me quería más que más, y mucho más que mucho. Amor total.

Pero nunca era suficiente, y necesitaba seguir alimentando mi cariño de alguna manera, por no correr el riesgo de que se evaporara. Por primera vez en mi vida solicité ayuda, y el mismo psicólogo que me diagnosticó obesidad ególatra me aconsejó dejar todo eso, volver al estado de persona, y también escribir mi biografía para obtener unos fondos con los que subsistir el tiempo que estuviera de vuelta a la corporalidad humana. Efectivamente, un editor publicará mi biografía, pero yo calculo que cuando se convierta en el libro más leído ahorraré el dinero necesario para dar el paso definitivo: viajar al espacio. Quizás como cuerpo celeste, independizado del mundo, consiga realizarme.

© Karrajo