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karrajo
 Ritos guturales

A continuación atiende a los siguientes preceptos comunicantes.

Ve al barrio con más delincuencia de tu ciudad, y entra en el bar más grande. Allí bebe la cantidad suficiente de sustancias alcohólicas para hacerte pasar por un borracho, y con gran volumen de voz dile al camarero que acabas de comprar muchas joyas, cuidando que te oigan cuantas más personas mejor. Cuando confirmes que te siguen, vuelve a tu casa, deja la puerta abierta y sal a pasear un rato. Regresa cuando hayas superado treinta y siete pasos de cebra, y quédate en la puerta observando las consecuencias del atraco. Entonces, grita.

Desplázate al lugar donde vivías hace tantos años. Anda por las mismas calles, observa los mismos lugares, y aprovechando la gran cantidad de polvo dibuja de nuevo otro pene en el parabrisas del coche de tu simpático y pretérito vecino. No omitas la risa que pone en duda tu madurez. Cuando acabes, pon la ensayada expresión distraída de quien vive una casualidad, mientras entras en la imprenta, herencia transmitida al compañero de infancia que llevas cuantioso tiempo sin ver. Has creado la sorpresa. Entonces, grita, acompañándole, portando tus manos al rostro, abarcando con las palmas tus mejillas.

Espera al fin de semana. Dilata tu estancia en la ducha para un cuidado más pulcro, y salpica tu epidermis posteriormente con líquidos aromáticamente afrodisíacos. Dirígete a la discoteca más poblada, muestra tus dotes de baile, y agota parte de tu salario en consumiciones. Acuerda con una persona a tu elección, una noche a compartir. De esta forma, escogido un lugar de estancia nocturna, habrá momento para acercamientos preliminares. Proceded según una mutua apetencia a ciertos frotamientos en zonas adyacentes e incluso propiamente genitales, y ya dependiendo de vuestras habilidades, llegará el orgasmo. Entonces, grita. Grita alto y grita más, chilla alegre, sin dejar de aumentar sonoramente la algarabía y el clamor; que suene escandalosa la musical cadencia de gritos apasionados. Y sigue, que tu exclamación escandalice al silencio con la exagerada libertad de tu declaración alborotada. Y entonces, grita y repite cuantas veces creas necesario el arsenal de sonidos que aún conservas.

Para el resto de tu tiempo, te recomiendo el uso del susurro. Es otra forma de comunicación.

© Karrajo