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karrajo
 Cortesía vocal

Contaré historia y vida de una palabra. Y utilizaré para tal cometido otras palabras, como si para describir una música no fuera posible sino con otras músicas.

Esta palabra tuvo conciencia de sí misma antes de tener forma, cosa que le dio ventaja en el proceso de autorrealización que persigue toda unidad vital, y cosa también que la enmarcó en todo un camino de decisiones que le esperaba obrar.

Puesta a decidir, y quizás por ambición, pretendía ser especial, de manera que anhelaba ser diferente de todas las otras palabras. Vale, cada palabra es diferente al resto de palabras, hasta los sinónimos difieren en matices, e incluso una misma palabra es distinta a sus otras acepciones. Y bien que lo sabía ella, que basaría entonces su originalidad en una expresión que se entendería en toda lengua, porque su pronunciación encendería la chispa innata del entendimiento.

Sería tan excepcional que como idea insólita se propuso evolucionar, incluso cambiar plenamente su aspecto, para no dejar de sorprender, y porque en su orgullo no permitiría que se agotara su fuente de agrado por un uso que la vulgarizara. Pero eran planes de futuro, y ahora buscaba su primera apariencia, a la que destinaba una especial dedicación, observando a sus ya existentes compañeras, aprendiendo y escogiendo de ellas. Y no le bastaba con eso, además de elegir las mejores propiedades de otras palabras, en su carácter buscaba incluso cualidades de cuerpos y gestos, quería tener un aroma optimista, como el deseo, y una melodía atractiva, fresca y latente.
Había decidido, en resumen, ser alegre.

Su última etapa de semejante proyecto interior consistía en coger fuerzas, pues quedaba lo más importante: zambullirse en la cabeza de algún ser humano que le diera fama. Barajadas las opciones de los posibles soportes portadores de palabras, de diversos comunicadores a elegir escogió un cantante.
Y así fue como, cogida de la mano de su amiga ‘dontguorri’, la protagonista de este relato se mostró por fin al mundo como había optado descubrirse. Acomodada en la melodía, ‘bijapi’ descansó, y se dejó llevar, pues ya no dependía de ella que le quedara ser transportada, extendida y compartida de voz en voz.


© Karrajo