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karrajo
  ¿Por qué coño no te enamoras de mí?

Me rasqué brevemente los testículos cuando ella volvió a entrar en la habitación, la luz de la mañana le sentaba genial, iluminando esos pechitos y ese pubis coquetamente afeitado a los lados. Luego, la miré a los ojos y hablé...

-Sabes que no me gusta que vayas con ese gilipollas -y volví a mirar al suelo.

-Joder Javi, ya hemos hablado de este tema mil veces, es mi novio y es normal que quede con él -fue a su bolso y sacó un pitillo para fumárselo.

-Joder Magda, sabes que me jode mucho que fumes, acabarás como mi padre, con los pulmones destrozados.

-Que me perdone el señorito, ya abro las persianas ya... -dijo en tono burlesco. Me volví a acostar y me tapé la cara con el almohadón.

-Como me vuelva a constipar porque has abierto las putas ventanas para que la habitación no te huela a la mierda del tabaco...

-No seas idiota rey, a ti lo que te pasa es que estás celoso y no quieres que vea a Miguel.

Casi susurrando dije -Vete a la mierda, puta. -y noté que el ambiente empezaba a estar tenso e inestable.

-Mira, no me vengas con gilipolleces, ya sabías que tenía novio mucho antes de que me pudieses oler el coño -su voz sonaba a irritación pura, algo que contrastaba con su manera elegante de fumar: apoyada sobre su escritorio y sin apenas perder un ápice de glamour universitario.

-No te enfades, simplemente no entiendo porqué hace tanto que nos acostamos juntos, fijo que ya debe sospechar algo.

-¿Preferirías que dejásemos de follar? -con tono prepotente.

-...me ...me gustaría... que... todo cambiase a mejor -y empecé a llorar silenciosamente.

Magda apagó el cigarrillo en su cenicero "souvenir de Mallorca" y se sentó al lado mío y empezó a acariciarme el cabello que hacía un año que me dejaba crecer, ya que a ella le gustaban mis rizos.

-Ves -dije, un poco más tranquilizado-, es cuando me tratas así, con esta puta ternura tan agradable que siento que estar contigo vale la pena, todo lo otro es entretenimiento que huele a sudor -y me seco las lágrimas por sus sábanas.

-Es que... no te veo como algo formal -dijo indecisa-, eres un tío de puta madre y estoy segura que puedes conseguir chicas mejores que yo... eres gracioso, culto, has leído sobre casi todo, tienes talento y eres genial con la lengua, no precisamente para hablar -en esto último sus palabras sonaban felices y tranquilas, no la miraba pero notaba su sonrisa sobre mí.

-Mierda, me pintas mejor a como me tratas, si lo que dices es cierto y soy tan "de puta madre" ¿por qué coño no te enamoras de mí?

-No es tan fácil, Javi, te veo demasiado como un amigo -mientras me hablaba me empecé a rascar la nariz y se me quitaron las ganas de estornudar al notar que mis dedos olían a ella.

-Ya sé que no es tan fácil, por eso nos conformamos... con ser simples juegos el uno del otro. Me destroza oír a Julia diciendo lo buena pareja que hacéis Miguel y tú y tener que callarme este puto secreto que me está destrozando por dentro.

-No seas exagerado.

-Joder coño, no entiendo porque no podemos ser algo más, si se nota que te aburres con el pijo ese...

-¿Por qué se nota que me aburra de Miguel? A ver, dímelo-pregunta mientras se levanta de la cama y se cruza de brazos muy teatralmente.

-Está bastante claro.

-No, no está nada claro, ¡explícamelo, don intelectual!

-¡Pues porque no estaríamos follando cada puta semana!

Su cara estaba cambiando a una mueca de "niña herida en su orgullo que está a punto de llorar". Se empezó a morder el labio inferior y una fugaz lágrima cayó al suelo. No había vuelta atrás, todo empezaba a acabarse.

-Quiero que te vayas, por favor -me dijo con voz temblorosa y se empezó a morder las uñas de una mano.

-Perdona, no quería gritar... pero es que...

-¡Qué te vayas gilipollas desagradecido!

Un vacío bajó de los oídos que soportaron ese grito hasta mis entrañas más profundas, ya nada volvería a ser igual. Me acababa de dar cuenta de que a pesar de ir por una autopista en contradirección estaba bien yendo por ella, mi error fue obligar a que me apeasen a una solitaria carretera secundaria.

Me vestí rápidamente, me levanté y ella se sentó sobre la cama, dándome la espalda y encendiendo temblorosamente otro cigarrillo, me pareció notar que se avergonzaba por primera vez de estar desnuda ante mí. Me despedí de ella, sin recibir respuesta alguna y me fui por la puerta, cerrándola lo más suavemente posible, no quería que notase mucho más mi ida hacia una amarga libertad emocional. El convencimiento de que nunca la volvería a ver me hizo que notar, al salir a la calle, que ya no estaba enamorado de ella, aunque durante los diez siguientes días lo único que haría sería pensar en ella y en lo que no debía de haber dicho, hubiese preferido seguir siendo un pobre que recibía regularmente una limosna carnal en un cuarto pequeño y con fotos de otro en las paredes.

Dos meses después de aquella discusión me enteré por medio de Julia que Miguel había dejado a Magda porque quería conocer a otras chicas. A pesar de eso no volví a verla, tampoco lo intenté.
 

© Javier Crux