Si no es mía,
no será de nadie.
Puede obrar el tiempo
su ruina, niña consentida
de mi indulgencia,
y caerse a pedazos
por mugre e injusticia.
Rejas lapidan ventanas
de casas devenidas en cárcel.
Por puerta lucen un muro
que les aborta en yeso
hasta el paso del aire.
Albergan:
ratas y palomas,
-el olor que dejan-
especuladores de la vivienda
-su hedor todo lo impregna-.
Casa
ni del casero ni de nadie,
comida que se pudre
junto a quien muere de hambre.
Es casa hueca, no musa,
muda del eco eunuca
-lo inerte no reivindica-.
Los humanos de fuera,
sin madriguera,
tampoco.
Lo inerte no reivindica:
en silencio se hipoteca.
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