Un día de unos, uno más.
Así continúa lo que aún está,
la monotonía que nos arrastra a senderos humanos.
Esperamos demasiadas cosas del día que quedan en nada,
por una parte deseamos instintivamente el poder
(y todo lo que ello conlleva,
entre otros términos aparece la fama),
pero la comodidad puede eclipsar ese deseo.
El sudor de la frente pronto se evapora,
aunque el sudor pase a ser sangre, rápido se olvida.
La eyaculación del éxito siempre es precoz y efímera.
No te creas que se acordarán de ti por ser ejemplar,
sólo se recuerdan los mártires, a veces, convertidos en héroes.
La fama llega en un momento determinado
no espera que estés vivo o muerto,
no depende de ti, sino del entorno.
Pero de los que existen ni la mitad,
casi todos quedan en el cajón;
aun no han descubierto la forma de sacarles publicidad,
a poder ser te desmigarán en el telediario
como en un programa de tarde.
Si supiesen de tu historia, de la mía,
qué nos darían a cambio...
Papel por sentimientos, un buen intercambio.
El morbo se paga bien en los tiempos que corren,
quizás esa sea la nueva inversión social.
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