Te pienso como una despedida, creo que eres una despedida. Ya no tomo prozac y ha acabado la guerra, quiero que sepas que no es la mala vida la que me mata, es la vida entera. Te abrazaría y te haría feliz y te mentiría. Amantes que suben y bajan del último tren. Te mimaría y te haría feliz, como en esa canción que nunca has escuchado. Estoy deseando correr hacía tu habitación pero la idea de empezar de nuevo me atrae mucho más, ya ves, dejo todo por un objeto inanimado, como San José buscando un pesebre, gracias Cohen.
Siempre he pensado que nuestra despedida será en una estación francesa, mientras las hojas del otoño son barridas por un viento semi helado que hace encoger tus hombros y enrojece tu nariz. Te abrazaría y te mentiría, probablemente. Te mimaría y te haría feliz, como en esa canción que nunca has escuchado. Realmente no sé qué te diría, sólo tengo esa imagen onírica en mi cabeza desde hace algún tiempo y sé que será una despedida. Esa, niña, es mi manera de huir de la realidad, no soporto los alardes de gravedad, prefiero la relatividad y los olores cóncavos. Podrías venir conmigo, te hablaría de mi viaje, ese del que nadie sabe demasiado y te contaría lo que me pasó en una playa de Zumaia mientras observaba el mar y el cielo con un libro deshojado de Kerouac bajo el brazo fumando el último Lucky Strike de un paquete que no sé cómo conseguí. Te hablaría de canciones y te las silbaría al oído hasta que tu sonrisa inundara mi cara y yo, por fuerzas mayores, tuviera que sonreír. ¿Sabes? Ya no tomo prozac, ahora esbozo mis días en un cuaderno rojo y novelo cada una de mis horas con la sensación del que se siente el creador absurdo de Camus, eso es importante. Sé que eres una despedida
© El Ignorante |