El encantador de serpientes está pensando en volver a casa, me ha dicho que hay más veneno en las calles de esta ciudad que dentro de las víboras que le acompañan en su cesto de mimbre. Dice que no sabe qué hacer con ellas, que allí a donde va no pueden estar, es demasiado peligroso, me pueden encarcelar si encuentran una de estas en mi casa. Yo a veces tengo ideas y le propuse que me las regalara, nunca he tenido serpientes, pero al enterarme que tuvo que amputarle los colmillos a sus víboras le dije que mejor se las llevara él que a mi ya no me servirían para nada. El siglo, que es así de crudo.
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