Lecturas
Animaciones
Ilustraciones
fotografias
Vídeo
Música
Cine
Modelado
Cultura
Foro
Descargas
Enlaces
Recomendaciones
Boletín
Contacto
tienda
11
Me tira la sisa :: La Tienda On-Line de MwM
La imagen robada
La página en huelga
Pàpa, dame pa unas cañas
Ni se crea ni se destruye
Diccionario
Somos y estamos
Contacto
lecturas
   
karrajo
  La máquina a Franz Kafka

    Hace más de tres horas que volví de comprar escarabajos. ¿Cómo empecé a pensar en eso?. El espacio entre mis paredes y yo sigue siendo el mismo, aún no han engrasado la máquina. Prefiero dormir un rato antes de empezar a demostrar que estoy loco.
    El secreto se guarda en los ojos, no hace falta escribir largas cartas.
    Duermo enganchado al reflejo de la estatua ecuestre del final del pasillo. Aún no han encerrado a los perros. Yo recupero estaciones con mi pierna doblada, cayendo en espiral sobre un cuerpo de hojas.
    Despierto recordando que el instante se acelera, el minuto se acaba. ¿Qué es más grande, un instante o el tiempo en que mi mente sostiene la claridad?.
    Ahora estamos yo y mis escarabajos, mi máquina de cortar cadenas de latón y el intruso de la puerta. Mi otro yo exclama su inestabilidad emocional.
    Los cautivos han entrado esta noche, lo sé porque un escarabajo está llorando, lo sé porque yo mismo podía haber entrado, no tengo protección bajo una fina lluvia.
    El ensanche de mi cabeza es grande. Dentro, en mí, podríais pasar gran parte del invierno, doblados, estrechados unos con otros, atados, prensados. Seríais papeles amarillos que yo desecharía al pasar el frío. No entrad, yo mismo os aplastaría.
    Acabo de encontrar en mi zapato una especie de mueca, fina y sonriente, pero al empezar a andar la he borrado y se ha perdido. Me he enfadado bastante al no poderla volver a ver. El enfado me ha llevado a matar a varios escarabajos con una cuchara. No soy un asesino. Tengo cientos en mi bolsa. Además ninguno ha gritado, están felices a mi lado.
    Creo que hace dos días que no como.
    Hoy he encontrado una pluma y he aplastado a varios escarabajos, con su jugo he improvisado algo parecido a tinta. Durante más de tres días he estado comprobando cuántas veces soy capaz de escribir la frase: "yo estoy cargado de escombros",en sitios distintos y sin levantar mis pies de donde estoy. He rozado la idea de pensar que mi habitación es infinita.
    He escuchado el ruido de la máquina, parece que al final han conseguido engrasarla.
    Ahora la noche se vuelca sobre mi bolsillo y de tanto peso que provoca en mí, me empiezo a agitar creyendo que me hundo en la oscuridad de algo desconocido. Me llueven hierros de formas antiguas. No sé gritar, así que destrozo mi mesa pequeña, donde jugaba con mis escarabajos. Llamo la atención de esta manera y los cautivos vuelven a entrar en mi habitación infinita. Me sacan del peso de la noche, pero cobrando en sangre y dientes.
    Los perros.
    No sé si han repetido mi nombre varias veces, he sentido la necesidad de contestar, pero no tengo lengua.
    Mi mano se agarra al extremo más bajo de mi pierna, donde acaba mi exterior, doy la vuelta sobre mí mismo y veo el techo de mi estancia por última vez.
    Creo que los escarabajos se han ido, al parecer dejé la bolsa abierta. No soy un asesino.
    Llevo varias noches escuchando el perfecto funcionamiento de la máquina. Cada noche la noto más cercana. No sé si dormir o retarme a morir yo mismo.
    Horas, minutos.
    Los perros me llaman, ahora si que los he oído claramente, ya sé que está cerca mi pena.
    El intruso de la puerta saluda amablemente a los verdugos mientras los cautivos se encargan de dar los últimos retoques a la gran máquina.
    Yo cierro mi cabeza y trago espejos con el reflejo de ese maldito yo.
    La máquina ejerce su trabajo y me coge por los pies. Yo me elevo y visito el suelo con mi mirada. Veo un escarabajo agonizando y lo cojo. La máquina sigue realizando su tarea y empieza a partirme en dos. Yo deposito al escarabajo en la palma de mi mano izquierda. Con el último suspiro de fuerza que me queda, lo aplasto y muere.

© El Ignorante