La chica se asombraba y sus ojos parecían dos lunas llenas. Llenas de azul cobalto e incredulidad. Yo soy el vendedor de fracasos. Ya lo dijo Dylan en una canción, no debería haber causado tanto asombro pero en cambio fue como si la tierra se abriera y descendieran del cielo los dioses griegos a quemar las imágenes de Jesucristo. Todo un panorama. La chica se acercó a mi oído y susurro, Yo soy una capitalista de todas las causas perdidas. Amémonos pues, desertemos el día a día y vayamos a cualquier lugar del que no haya oído hablar.
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