Los poetas miran en el agujero subjetivo del mundo. Escupen dentro y se rascan las nalgas. Yo tengo una ventana a mis espaldas y no consigo descifrar ningún poema de Ginsberg. “Los perros somos nosotros”, así se pronuncia una voz, no muy lejana a mi ventana, la que tengo tras de mí, demostrando su agonía e incomprensión en esta vida que le ha tocado vivir, posiblemente diferente a la mía, ya que yo no pienso que seamos perros, si no la propia muerte, asesinos en estado puro, pero no lo digo, me lo guardo y se lo grito a mis intestinos, porque así duele más y duro menos. Además, a quién le atañe lo que yo diga. Los poetas miran en el agujero subjetivo del mundo mientras yo voy bajando la persiana y alabo a la electricidad.
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