Si remueve el agua estancada entre sus pies, con amagos de pasos, su rostro cambia de forma y color, a merced del capricho del líquido y de la gracia del movimiento. Jonás adapta formas de insectos mientras se balancea sobre sus pies para conseguir, al reflejo del agua, otro rostro, otro cuerpo, algo que le antoje otra forma de vida.
Las paredes del habitáculo inundado donde se encuentra Jonás se encierran en si mismas y, como el pensamiento autista de los perros, no dejan ver nada de la vida de fuera o adivinar el porqué de tanto movimiento. Así se cuentan las horas Jonás y su reflejo, encerrados en un lugar oscuro y cubiertos de agua los pies.
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