El erudito se encuentra apoyado en la pared de un antiguo campanario de la ciudad de Praga. Hace un recorrido, no físico, cómo el que le ha llevado a buscar descanso en las paredes de la cristiandad, sino intelectual, o mejor enfocado: intelectualmente descriptivo. El erudito es mayor, tiene cerca de los cincuenta años y es rector de una prestigiosa universidad.
En los tiempos en que era solicitado para realizar todo tipo de escritos o ponencias sobre filosofía y teología, el erudito habló del nacimiento intelectual del hombre, del lenguaje concreto, de la fe en manos de la filosofía, de ateísmo, del agnosticismo, la condición asesina del ser humano, de la belleza, lo sublime, los límites de la conciencia con respecto a las enfermedades mentales, etc. Realizó gran número de teorías, ensayos .
En este momento piensa que siempre ha dicho cosas con importancia, que jamás pronunció una palabra que no tuviera un trasfondo intelectual, incluso, a veces, se negó a hacer el amor por el simple echo de parecerle primitivo y por lo tanto carente de todo eco en la vida de un hombre erudito. Ahora, bajo el sol de Praga, asustado, piensa que no podrá volver a hablar, debido a su obsesión por el peso de las palabras. Ya hizo todo lo que intelectualmente puedo hacer un hombre de su clase.
Ante la imposibilidad de volver a hablar, decide inventar un nuevo lenguaje, aleatorio, basado en el azar. De esta manera decide recuperar aliento y avanzar poniendo en práctica su nuevo lenguaje.
A los ojos de los transeúntes, se ve a un hombre diciendo cosas sin sentido, como: "Odio peste estación sal. Caminos santos recuerdos amar. El como de nadie estricto francés frutas margarita sueño". El erudito de cerca de cincuenta años sigue andando y hablando aleatoriamente, consciente en todo momento de la impresión de los habitantes de aquella zona de Praga.
Después de un largo recorrido en el que llegó incluso a gritar frases basadas en su nuevo lenguaje, debido a la sensación de euforia que le remitía el sentirse único, se encontró a un colega, erudito, como él. Ante la imposibilidad de cambiar rápidamente su estado emocional de felicidad, siguió gritando frases aleatorias a la cara de su colega, al cual había reconocido. Su colega, asombrado y brutalmente sorprendido ante la locura de su compañero, decidió avanzar en su trayectoria haciendo creer que no lo había reconocido.
Más tarde, en el hotel, informó rápidamente a la universidad de la actitud de su colega, describiéndola como locura.
Después de una reunión de altos cargos, tanto monetarios cómo intelectuales, de la universidad, se decidió por unanimidad retirar el cargo de Rector al viejo erudito.
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