Indefectiblemente cualquier cosa es finita y así se va pasando el tiempo. Me centro. Situándome en el espacio que me rodea para poder sentir y apreciar todo dibujo formas dentro de mi espacio, llamémosle vital u ocupacional. Ando, porque así me traslado y evito enfrentarme a lo que todos llamamos "mis cosas". Las cosas no son mías, eso es lo que le trato de decir al vendedor de pañuelos del semáforo, el cuál puede fallar electrónicamente y derivar en mí una confusión que me pueda hacer tomar una decisión que no debiera ser tomada en ese momento.
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