Dios vive en Gracia 25, sobre un videoclub sin luminoso con oferta
dos por uno. Vive allí y no en otro sitio porque Madrid, según dice, le
queda cerca de todo.
Sé que es Dios porque él me lo ha dicho. Si no me lo hubiera confesado
pensaría que es un gordo cualquiera con tendencia a la alopecia y una mancha
de grasa -aunque se cambie de camisa- a la altura del ombligo.
Vaya donde vaya siempre lleva consigo una bolsa de basura que abarca
todos los males del mundo.
- El mundo está lleno de mierda, chico. No lo olvides nunca.
Y luego mira al infinito, se rasca las pelotas y me pide un cigarrillo.
- Un pozo de mierda, chico.
A veces dice: Eh, ¿has oído la noticia?: hoy he provocado un terremoto
de cojones en San Francisco -. Y te enseña la noticia recortada de un
periódico.
La carnicera, por eso de que los niños y los locos siempre dicen la
verdad, le pide por lo bajo un poco de mano en el sorteo del jueves -no vaya
a ser una de esas cosas-, mientras termina de envolverle las morcillas.
Cuando Dios sale de allí no le sigue una estela de arcángeles ni un
coro, pero si un olor profundo que debe venir desde muy lejos.
Dios vive en Gracia 25 y le gustan las morcillas. Eso lo explica todo.
© Carlos Rodríguez
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