A mi me gustaría saber a que hora vas a llegar para tenerlo todo listo
y preparado. Llevo horas decorando la mesa, cambiando el orden de los
cubiertos y la forma de las servilletas. Primero puse una vela en el centro,
luego dos, más tarde decidí no dejar ninguna vela por aquello de no parecer
pretencioso y bajé a comprar una botella de vino. En el espacio que antes
ocupaban las velas puse la botella y me senté en tu sitio para comprobar las
vistas. Junté un poco los platos y luego las sillas. Traje de nuevo las
velas y me encendí un cigarro, después puse algo de música y me asomé a la
ventana. Corría una brisa fría de invierno justo en el instante en el que me
sentí feliz. Llamaron a la puerta, sonó el teléfono, puede que alguien
pensará en mí en ese momento. Nada tuvo que ver contigo y sin embargo tú
existías en todas las cosas. Ausencia con nombre y apellidos.
A mí me gustaría saber a que hora vas a llegar para no pasarme la vida
esperando y pensar en ti contigo cerca; de ahí que dude entre el blanco o el
rojo de las servilletas, entre el vino tinto y el rosado o cederte la
izquierda o la derecha. Yo solo quiero estar contigo desde dentro para
fuera, y se hace tarde y no apareces y será mejor que piense en otra cosa.
© Carlos Rodríguez
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