Anoche estuve en un bar de las afueras. Cogí el coche y me concentre en
un punto imaginario. A las dos horas debí pasar Oz y dejar Maravillas a la
derecha porque el sitio en el que estaba era todo menos hermoso. Le pregunté
a un tipo como se llamaba aquél sitio y no entendí nada de lo que me dijo.
Volví a preguntarle y el tipo me miró fijo para no decirme nada. Por un
momento pensé que el creería haberlo hecho porque me miraba esperando algo y
yo asentí con la cabeza.
Las noches en un bar de carretera son como no estar en ninguna parte. A
menudo cuando me viene la tristeza cojo el coche y me concentro en un punto
imaginario, luego, al rato, aparezco en cualquier sitio. A veces no me basta
lo que fumo, ni me alcanzan las drogas ni esas pastillas que toma mi vieja
ni por muchas cervezas que beba. Hay noches en las que necesito el coche
para llegar rápido a cualquier sitio, y a veces, por un instante, se me
olvida por qué corro en una dirección cualquiera
© Carlos Rodríguez
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