Hoy quiero despertarme con la sensación de haber dormido algo. Esas
pastillas que tomo me dejan muerto con un mal de vida. Pero al menos duermo.
Luego miro el reloj y veo que ya ha pasado la hora de comer, cojo el
teléfono y nadie me ha llamado. Cada día como el siguiente, como el
anterior, como cualquiera que pueda imaginar; pero no como los que recuerdo.
Los días que recuerdo tienen más luz blanca y las cosas pesan menos, como en
el espacio, como en esas películas de ciencia ficción donde la gente flota y
el hecho de ir de un lado a otro ya resulta divertido. A mi me encantaría ir
volando hasta tu casa, y asomarme a tu ventana desde fuera y ver como haces
cualquier cosa.
Lo mejor de cuando despierto son esos segundos que suceden, cuando
caigo del sueño directo a la cama. En ese breve instante podría ser
cualquier cosa, alejado del tiempo y del espacio, sin recuerdos ni
molestias. Podría ser yo, hace algunos años, cuando todavía no te conocía y
lo deseaba con todas mis fuerzas, o uno de esos astronautas y yo lejos de
todo.
Me pregunto si lo que haces ahora tiene alguna relación conmigo. Quizá
algo te recuerde a mí y estamos más juntos de lo que creo. Me resulta
increíble que las cosas se mantengan en el aire aunque tú no estés conmigo,
como el peso de la luna o las tonterías que pienso o aquella fotografía
mentirosa en la que me abrazas. A veces es como si nadie reparara en mi
presencia o fuera algo sin importancia. Ellos para mí lo son, todo el resto
que no tiene que ver contigo son cosas sin importancia. A menudo no soy
capaz de soportarlo y bebo o esnifo o todo con tal de olvidarme o traerte
más cerca.
© Carlos Rodríguez
|