Un hombre y una mujer ,por orden de aparición, se sientan en una mesa. A la mujer le apetece una cerveza pero no tiene claro la marca. El prefiere un digestivo, y entre el orujo blanco y el de hierbas opta sin vacilación por este ultimo. Luego llegan las copas a la mesa y ella considera que es el momento de hablar; a él sin embargo le gustaría estar en otra parte –quizá desee más hallarse en otro tiempo-. De lo que no cabe duda es de que ese no es el sitio; el rincón apartado de un bar cualquiera donde se halla la mesa, Laura, el orujo y la cerveza, su desgracia, y el doloroso presagio de unas palabras a punto de caer como cuchillas.
- Creo que necesitamos un tiempo, para pensar.
Un tiempo para pensar, lo mismo que una escoba para barrer. Y ¿por qué no pensar al mismo tiempo?
La mujer se llama Laura, el hombre olvidó su nombre hace algún tiempo -de nada le sirve si ella no le nombra-.
Ella dice:
- Compréndelo Carlos, hace tiempo que...- y Carlos recuerda su nombre, su cara, y se encuentra algo más triste y luego desea no encontrarse; y así, pensando en otra cosa, Laura sigue hablando con un gesto destemplado, como si ya no le importara ni su cara ni su nombre. A Carlos le sobran palabras y le faltan besos, una flecha y un niño con alas y un arco apuntando de nuevo al centro de ella. Algo le invita a pensar que no aparecerá por allí, por el rincón apartado donde se reúnen al mismo tiempo Laura, la mesa, el orujo y su desgracia. Además no se imagina a nadie sin sexo tan generoso y altruista.
- Tienes razón- dice él.- Hace algún tiempo...- Y se queda callado mirando a otra parte pero imaginándola a ella
© Carlos Rodríguez |