Donde hay patrón no manda marinero (desconozco si hubo un caso) y yo que no entiendo de barcos ni de puertos ni de mares, si me sorprende una ola solo se me ocurre ahogarme. Eso si, sin que nadie me lo mande, ni patrón ni marinero.
Mi cuerpo hecho de barro pertenece al suelo; aunque ande a menudo por las nubes o estrellado boca arriba contra el piso. Obedezco mis impulsos naturales, no solo por la rima: irracionales.
No tengo por qué darte explicaciones de lo que hago.
No tengo que hacer nada si no quiero.
Para eso, mejor me callo.
© Carlos Rodríguez
|