Nada es para siempre; la eternidad bien puede durar un instante. Lo mismo que Laura a pesar de su despiste consiguió encontrar la puerta, las cosas vienen y van recorriendo una larga fila imaginaria que en ocasiones no conduce a ninguna parte.
Te echo de menos, te echo veintidós, te echo fuera y luego una cuerda; recuerdo tu carita, pequeña...
Nada tiene sentido, no me lo tengas en cuenta; no sé ni lo que digo.
Te debo una cena, recuerda, con otra cara otra pose y otras maneras. Llamándome distinto, solo para que tú me quieras... claro.
Pienso en ti deprisa, por si te marchas rápido, y siempre queda tu sonrisa colgando de una cuerda.
Te echo de menos, te echo veintidós, te echo fuera y luego una cuerda; recuerdo tu carita, pequeña.
© Carlos Rodríguez |