Me miraba como si algo muy importante se le hubiera perdido en mi cara y lo necesitara con urgencia. Yo suelo incomodarme con facilidad ante este tipo de situaciones, y deseaba que lo encontrara rápido y se marchara. Pero no, debe ser que me movía demasiado entre tanta gente, bailando y haciendo el payaso en general (o quizá eran las pastillas las que se movían, o el payaso, o aquello que andaba perdido en mi cara, qué importa), el caso es que no paraba de moverme y la chica no tenía otra que seguirme; al principio con la mirada, luego con el resto del cuerpo. Debí moverme tanto que terminé acorralado en una esquina con la cara de la chica a uno o dos centímetros de la mía, ahí, busca que te busca… y nada.
Terminé solidarizándome con Erice, así decidí nombrarla para mis adentros y así la recordare mientras la recuerde a ella -o quizá fueron las pastillas las que se amistaron con ella, o el payaso (quién sabe las cosas que pudo decirle aquel payaso) o todo en general-. Lo cierto es que o ella o yo teníamos un problema, y los problemas no me gusta llevármelos a casa. Así fue, como medida de urgencia, que nos acercamos un poco más todavía, y claro; así es mucho más fácil encontrar las cosas.
© Carlos Rodríguez |