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por Borja Vargas
 

El cine se ha acercado a menudo al baile, de formas tan diferentes como similares sus intenciones. Sobre todo como válvula de escape, ejemplificada en “Fiebre del Sábado Noche”. Cuando una película no musical incluye un baile, suele convertirse en su escena más recordada y querida; muchas, descontextualizadas, se pueden encontrar en YouTube. Aunque algunas de las siguientes sí entran en el género musical, no lo hacen en el sentido clásico; pero tienen en común la capacidad de enamorar al que las ve. De menos a más:


10. Faster, Pussycat! Kill! Kill! (Russ Meyer, 1965)
Grabando en blanco y negro: vete al desierto más polvoriento que encuentres, coge a unas go-go girls con cara de vicio y mala leche, y súbelas a los techos de sus coches para que bailen para ellas mismas. Que agiten los brazos y boten salvaje y despreocupadamente. A pesar de ser auténticas showgirls, no tienen el erotismo de los striptease de Mia Kirshner en “Exotica”. Pero con lo anterior, y una apología de la violencia feminista con espíritu rústico y proto-punk, tenemos un clásico alternativo.

9. Flashdance (Adrian Lyne, 1983)


El momento de mayor gloria de la historia de los calentadores. "I'm dancing for my life", dice la canción. Y eso mismo hace Jennifer Beals (bueno, sus dobles) en la legendaria audición final de "Flashdance", en una rancia academia de baile vista a través del prisma deformador de los 80. Tan aeróbico y tenso, con una planificación tan preparada (y un poco hortera), que cansa sólo de verlo. Ojalá el no menos célebre chorro de agua hubiera ido después de esta escena para aliviar un poco

8. Tabu (F. W. Murnau, 1931)
El baile es, aparte del grito, la mejor forma de catarsis. En su película pseudo-antropológica, Murnau convirtió una danza tribal en un gesto de subversión social a través del amor. O sea, que el chico se va a bailar con la chica rompiendo las leyes de su isla, pero todos se les unen y se saltan las normas por un momento de comunión con los suyos. Una liberación social por el baile más reciente está en el reivindicativo final de "Pequeña Miss Sunshine".

7. Uno, Dos, Tres
(One, Two, Three) (Billy Wilder, 1961)
Todo en esta película es histeria pura, pero el más intenso de los cientos de climax que hay es precisamente un baile. En Berlín Oriental un poco de alcohol basta para volver locos a unos soviéticos y a una secretaria arquetípica de los USA pre-acoso laboral, que se desata y se pone a zapatear sobre una mesa mientras juguetea con antorchas encendidas, dando latigazos con sus medias... Rompe las barreras culturales, dejando en evidencia que, por mucho que trabajen para Nikita Krushev (¡o el mismo Stalin!), unas agitaciones insinuantes puede acabar con un férreo sistema político. Todo por culpa de la "Danza del sable" de Khachaturyan.

6. Rubber Johnny
(Chris Cunningham, 2005)
El antes director de videoclips Chris Cunningham documenta los descalabrados movimientos de un niño que... no es como los demás, que se retuerce y contorsiona con la música quebrada de Aphex Twin cuando nadie le mira. Una lluvia de planos y espasmos. Un esquizofrénico tratado del cuerpo humano, totalmente alejado del verdadero cuerpo humano.

5. The Rocky Horror Picture Show
(Jim Sherman, 1975)
¡Una película que incita directamente a la audiencia a que sea ella misma la que protagonice el número de baile! ¡El "Time Warp"! Sale un reputado científico y nos dice dónde tenemos que poner las manos, cuándo hay que dar un saltito o si tenemos que mover las caderas hacia delante o hacia atrás. Y aunque no te apetezca, la invitación a hacer el memo es demasiado poderosa. ¡Es una coreografía tan idiota que es perfecta! ¡Es el "Time Warp"! ¡Hay que repetirlo otra vez!

4. Las Zapatillas Rojas (The Red Shoes) (M. Powell, E. Pressburger, 1948)

El cine no se ha acercado mucho al ballet, pero cuando se ha atrevido ha dado resultados maravillosos. Sobre todo en "Las zapatillas rojas". Aparte de ser una de las mejores explicaciones de la creación artística vista en una película, tiene una gloriosa escena de ballet de un cuarto de hora, que emplea técnicas vanguardistas para recrear el punto de vista de la bailarina. De una belleza incluso más arrebatadora es el cortometraje de Norman McLaren "Pas de deux", un estudio sobre el movimento en el ballet. Y, aunque no humano, también se puede considerar ballet la sinfonía cósmica de “2001”.

3. Carrie (Brian De Palma, 1976)
El romanticismo adolescente condensado en un solo plano. De Palma pone a sus dos tortolitos a bailar un agarrado en una noche de ensueño; giran en un éxtasis mientras la cámara gira en la dirección contraria, cada vez más y más rápido, y parece que en cualquier momento van a echar a volar por la pura felicidad de Carrie. Pena que sea todo un artificio.
2. Malas Tierras (Badlands) (Terrence Malick, 1973)
El romanticismo poético condensado en un solo plano. En su larga huida, una pareja de criminales enamorados se ve en medio del desierto. Allí, de noche y con la única iluminación de los faros de su coche, se juntan tanto como pueden y bailan tranquilamente, sin nadie más en el mundo, el momento más íntimo de sus vidas. Como “Carrie”, protagonizada por Sissy Spacek, reina de los 70.



1. Banda Aparte (Bande À Part) (Jean-Luc Godard, 1964)
Tres jóvenes están aburridos en una cafetería y deciden ponerse a bailar, sólo porque sí. Con un encanto que traspasa la pantalla, parecen improvisar una coreografía vergonzosa, demostrando que fuera de ese momento nada más les importa. La música viene y va, se mezcla con frases pretenciosas, con el fuerte sonido de las palmadas y los chasquidos. Para cuando acaba el plano el espectador está enamorado perdidamente del sombrero de Anna Karina; y desearía estar en el lugar de esos perdedores que, de forma tan sencilla, saben aprovechar la vida. Esta escena podría resumir el espíritu libre y de búsqueda de la verdad a través de la anécdota del cine de Godard. Tarantino, rendido admirador, hizo su versión en "Pulp Fiction", consiguiendo resultados similares de adorabilidad, y convirtiéndose en icono generacional de los 90 como aquella lo es de los 60.